
Si usted es negro o mongol, le recomiendo fervientemente que no acuda a los Juegos Olímpicos de Pekín, en China, ese país tan avanzado y carente de racismo. Le recomiendo, amigo negro o mongol, que se quede en España. Sí, España, ese país tan racista, donde, al menos, podrá entrar en un bar sin ningún tipo de problemas para que le pongan una cerveza mientras ve los juegos por la tele.
Se lo digo porque los chinos, o al menos su gobierno, han dado instrucciones a los bares de los alrededores para que no permitan la entrada de negros ni mongoles. Así, tal como suena. Con dos cojones. La “recomendación” no se crea que va en términos de “no sería conveniente..”, “verá, amigo hostelero, es que…”, no nada de eso ni pollas en vinagre. “¡Firme usted aquí, este documento donde se compromete a no servir ni a negros ni a mongoles!”.
Dicen los ilustres regidores chinos que los negros y los mongoles no son bienvenidos porque se asocian a la prostitución. Esperemos que Nelson Mandela no tenga pensado acudir a la ceremonia de inauguración, no vaya a pensar el primer ministro de China, Wen Jiabao, que el bueno de Mandela piense montar un puti-club en la misma Ciudad Prohibida. ¡Tócate los huevos!.
Lo más triste de toda esta historia es que China sigue haciendo lo que le sale del dragón. Contamina como nadie, se pasa los derechos humanos por el Yang Tsé y firma decretos racistas en la misma cara del Comité Olímpico Internacional, por no hablar ya de lo del Tíbet. Pero los demás les seguimos riendo las gracias porque son un mercado potencialmente brutal, en todos los aspectos. Los gobiernos se podrán callar, pero la gente no. Esto es indignante. Ni soy negro ni mongol, pero como si lo fuera. Les aseguro que si mañana me invitaran a los Juegos Olímpicos con todos los gastos pagados, iba a ir la cuñada de Mao metida en manteca, porque lo que es un servidor se quedaría en su casa.
Si China pensaba aprovechar los Juegos Olímpicos para hacerse publicidad institucional lo está consiguiendo de puta madre, pero al revés. Ahora todos sabemos la polución que hay en Beijing (Pekín para los que aún no hemos acabado el MICHO I), ahora todos sabemos porque se atacaba a la antorcha (tema Tibet) y ahora todos sabemos cómo se las gasta el gobierno chino aplicando la ley del porcojonismo.
Es muy triste que la tradicional sabiduría oriental que nos legaron el príncipe Siddhartha (Buda para los amigos) y Confucio durante miles de años se vaya al carajo en dos minutos por la estupidez de unos gobernantes. Si yo fuera un atleta negro tengo muy claro lo que haría; dispondría de 15 días de vacaciones en un país donde dejaran tapear en los bares a gente de mi mismo pigmentito y a China que le den.
Hay países que por su comportamiento, sus formas y su manera de ver la vida nunca me atrajeron, pese a ser potencialmente hermosos. Aunque es cierto que la naturaleza nunca tiene la culpa de la ignorancia humana, ahora tengo bastante más claro donde no pasaré mis vacaciones del próximo verano. Que Mao nos coja confesados.
PD: os dejo el enlace del peródico EL MUNDO, donde podéis leer la noticia completa: http://elmundodeporte.elmundo.es/elmundodeporte/2008/07/18/masdeporte/1216377429.html