Sí, este de aquí soy yo. La fotografía siempre me ha gustado. Me estoy engolfando más de lo debido, pero es que uno empieza y no acaba. Me he comprado hace poco un escáner, porque tenía muchas fotos viejas que quería tener digitalizadas. Así que he empezado a rebuscar en el baúl de los recuerdos fotográficos y tengo complejo de Indiana Jones.Esto de las cosas antiguas no está hecho para gente sensible. Se pone uno a mirar fotos y no para. Se te van los ojos a esas fotos de cuando todo era intrascendente, cuando en el mundo no había un puto problema. Fotos de los que están y los que no están. Cumpleaños, comuniones, bodas, viajes, noviazgos, etc. El escaneo dura segundos, pero en cada foto te detienes minutos. Hay mucha historia en cada una de esas imágenes para resumirlas en tan poco tiempo. Una foto del álbum familiar es mucho más que una imagen parada. Es un trozo de tu cerebro fuera de él. Te entran por los sentidos. Se ven y huelen. A antiguo, a rancio, a trozo de tarta de cumpleaños o a colonia infantil después de un baño.
En fin, que estoy flipando en colores. Y también en blanco y negro, la mayoría de las veces. El portal de mi casa ha ganado 15 números en 37 años, la matrícula de la Montesa de mi padre era CA-63914 y un servidor era amigo de un Pato Donald de peluche al que ya le he perdido la pista. ¿Quién sabe cómo le irá al viejo Donald?. A lo mejor está en un asilo de peluche. En la calle donde ahora me resulta imposible aparcar sólo había un SEAT 600. De los niños de mi comunión yo era el que tenía las orejas más grandes y tenía unas pecas que se me habrán caído con el paso de los años.
Os dejo con algunos de mis recuerdos, que me han hecho pensar mucho. Son solo fotos, pero me han contado muchas cosas en los últimos días. ¿Os dicen algo a vosotros?.
Mi padre de portero en el Carranza. Dicen que era bueno. Le ofrecieron fichar por el Cádiz, pero con lo que se ganaba por aquel entonces no se podía vivir del fútbol. Me alegro que no fichara. De haberlo hecho lo mismo hubiera triunfado y se hubiera marchado a otro sitio. Quizás a Bilbao. Yo hubiera nacido allí y ahora sería Josetxu Guerrero. No tengo nada contra Bilbao, pero Cádiz es mucho Cádiz.
Siempre me he sabido relacionar con la gente. A los pocos meses de vida ya había entablado amistad con el viejo Donald. Éramos inseparables.
En la misma calle en la que ahora tardo cuatros horas para encontrar aparcamiento, se aparcaba fácil en 1968. Lástima que por esa fecha yo aún no tuviera el carné de conducir.
Seguramente heredé de mi padre el gusto por las dos ruedas. Y por las chanclas.
Mi madre me sostiene en brazos frente a la casapuerta de nuestra casa.Murillo 2, actualmente Murillo 17. ¡Como ha subido la vida!.
Mi primo Tato y mi prima Tata me enseñan el tipo de la chirigota que sacaría un servidor en 1997: " De Plaza en Plaza", vulgo "Los Palomos".
Mi madre parece decirme: "Creo que sí, Pepito, que tus primos tienen razón. Es un gran tipo, pero no te hagas ilusiones que lo mismo os dan un cajonazo".
El tipo de ruso también lo tuve en mente desde chiquillo. Claro que con esas pecas y esas dos orejas me daba algo de corte presentarme en el Falla.
En plan Indurain en un campito de Chiclana al que íbamos casi todos los domingos.Es de las escasas fotos que tengo en un aparato de hacer ejercicio.
Siempre he sido algo remolón.
Con mamá, papá y mi hermano Paco. En aquella época me importaba bien pocoel tipo de Euribor de mi hipoteca y el guión de la radio de cada noche.
¡Que tiempos aquellos, coño!