El pasado viernes se presentó en el Salón Regio de la Diputación Provincial de Cádiz un libro del que tengo la fortuna de ser protagonista. Bueno, una séptima parte de los protagonistas. Se trata de una obra del periodista Fernando Pérez Monguió, obra que se inició un 13 de junio de 2008 en la Venta Los Tarantos, de San Fernando. Allí, alrededor de mesa y mantel, la idea era sentar a siete individuos de Cádiz y su provincia, para hablar de la Tacita de Plata, sus personajes, su futuro y mil cosas más.La elección de cada uno de estos siete personajes fue labor del periodista y la Diputación de Cádiz. Buscaban gente conocida y con ese "duende" de Cádiz. De hecho el libro se llama así "El duende de Cádiz. conversaciones gaditanas". Con el plantel que había era normal que la cosa saliera pa tirarse al suelo: Juan Luis de Tarifa, José Ruíz "Pepe el Manteca, Emilio Gutierrez Cruz "El Libi", Gabriel Gómez "Gabi de Los Tarantos", Manuel Cala "Maria Cala" y un servidor. Faltó, tanto al almuerzo como a la presentación, el maestro Chano Lobato, al que su delicado estado de salud le jugo estas dos malas pasadas.
El fotografo Joaquin Hernández "Kiki" ha reflejado a la perfección el ambiente que se vivió en Los Tarantos. Todos estábamos algo cortados, según dice Kiki, hasta que empezaron a llegar las bandejas de jamón y langostinos. Allí se abrieron mentes y cuerpos y empezó a aflorar ese duende que se pretendía buscar. Sobremesa de anécdotas, embustes, historias de verdad y ojanas de las gordas. Arte puro. Cada uno de los que allí estuvimos contamos nuestras cosas, dimos nuestro punto de vista y una vez que el libro ha visto la luz, me he reído tanto o más que cuando lo viví alrededor de aquella mesa.
El libro, que trae además un CD con toda las conversaciones, tiene frases lapidarias que podrían pasar a la historia de Cádiz. El Libi dijo, ante la duda que planteó María Cala, que "La más grande de España no ha sido ni Lola Flores ni Rocío jurado. La más grande de España ha sido la madre de Romay". Pepe el Manteca nos recordó una frase antológica del Beni de Cádiz que dijo que "El único que tiene que tener prisa es el camarero". Gabi de los Tarantos contó aquella noche en que Felipe Campuzano y María José Cantudo obligaron a dos guardias civiles a cantar el Bimbó de Georgie Dann en la Venta Los Tarantos. Juan Luis de Tarifa mando al carajo de una tacá a Rabindranath Tagore cuando aseveró que "cuando una picha se pone zapatona no hay quién la levante". María Cala se lamentó diciendo "qué desgracia más grande de ser Virgo" y Chano Lobato, que desa que le recuerde como el amigo de siempre y por los ratitos, que digan "qué ange el de aquel día". Un servidor abogó por "abrir freidores de guardia, como las farmacias".
El libro está editado por la Diputación de Cádiz y merece la pena echarle el ojo, en serio. Fernando Pérez Monguió (autor), José Berasaluce (Coautor), Dani Aragón (autor CD), Kiki (fotografía) y José Monforte (prólogo) han hecho un excelente trabajo. Los otros siete solo pusimos nuestro granito de arena y tambiñén estamos muy satisfechos del resultado.
En estos tiempos de crisis, la risa es un remedio infalible contra todo mal. Y doy fé que este libro lo consigue. Como muestra un par de anécdotas del duende, el arte y la poca vergüenza que ha habido en Cádiz y que están recogidas en el libro.
Mi padre me contó, que en los años de la hambre, en la posguerra, los alimentos escaseaban y solo estaban al alcance de los privilegiados. Un soldado se acercó a su capitán y le dijo: Mi Capitán, en mi casa estamos pasando mucha hambre ¿Sería usted tan amable de hacerme un vale por un kilo de papas?. El capitán le dijo; "mira hijo, yo no tengo problema en hacértelo, lo que pasa es que en Cádiz no hay papas". El quinto le contestó: "Mi capitán, usted me lo hace que yo sé donde hay papas". El capitán le hizo el vale por un kilo de papas, con el sello y su firma, y acto seguido, el quinto se fue a casa del Capitán, a casa del que le había hecho el vale, y le dijo a su esposa: "Señora, traigo un vale por un kilo de papas de parte de su marido". La mujer, efectivamente, comprobó que era la firma de su esposo y que traía el sello del cuartel, asíque le dio las papas al soldado. Al día siguiente, el Capitán, lejos de arrestar al soldado por su poquísima vergüenza, le dijo: "Bien me diste coba ayer". Y el soldado le contestó: "Mi Capitán, es que yo sabía donde había papas".
En fin, que si tenés la ocasión, haceros con el libro que no os defraudará. Ya me contaréis.
Salud.