Lo más chungo del verano es que hay poco deporte. Sí, es verdad que hay partidos de fútbol pretemporada, pero con menos interés que la biografía de Richard Clayderman. También es cierto que hay Tour de Francia, pero la hora de la llegada es criminal. La llegada de etapa del Tour la ponen en la Unidad del Sueño de Zamacola, para la gente que tenga problemas pa coger el catre. Además, el ciclismo no me gusta porque veo injusto que tú estés tirao en el sofá, haciendo la digestión de una berza con su pringá, mientras animas a Contador pa que suba el Tourmalet.Otra de las cosas deportivas que suele haber en verano es tenis, pero la final Nadal-Federer se repite más que tercero de BUP y cuando has visto ya dos finales entre los mismos tíos prefieres poner el último capítulo de Verano Azul, donde Chanquete va pal boquete. Este verano hay Juegos Olímpicos, lo malo es que es en Pekín, y tenemos seis horas menos que los chinos. Es decir, que la final de los 100 metros lisos puede ser a las 12 de la mañana allí y las seis de la madrugá aquí. Lo que traducido resulta que la final la va a ver en directo la hermana mayor de Carl Lewis.
Tenemos Fórmula Uno, pero este año ver ganar a Fernando Alonso es más difícil que ponerle unos calzoncillos a un pulpo, y eso quita las ganas de ver las carreras. En las motos, Lorenzo y Pedrosa se caen más que un cuadro sin alcayata y me agobian. Lo dicho, el verano no es para el deporte. Lástima que la Siesta en Alcoba Cubierta no sea disciplina olímpica, porque ayer batí el récord del mundo en 3h, 24 m, 47 s. Y eso sin comer berza, que no es dopaje sino potaje.
